Autor: Glauconar Yue
Ilustración: Cecilia Llerena
Todos los domingos por la mañana, Hélène desayunaba en el café Bellevue, con un capuchino, un croisant y un periódico. Ya había pasado la época más oscura del invierno y el sol estaba bastante alto a estas horas, iluminando las porciones de nieve en la calle. Normalmente no perdía el ritmo de levantarse temprano, incluso los fines de semana, pero últimamente no había podido descansar bien.
Hojeó el periódico para distraerse, mientras esperaba que el sol surgiera desde detrás de la torre de la antigua iglesia. Entre las páginas encontró un naipe, el nueve de picas.
-¿Pero qué rayos?- murmuró, colocando la tarjeta bajo su taza de café para volver a la lectura.
En las noticias había apenas una mención fugaz del apagón global en Sudamérica, y nadie parecía acordarse del joven científico desaparecido la semana pasada en Suiza. La mayoría de páginas seguían especulando sobre la desconocida identidad del garou. No había sucedido nada, nadie sabía nada, pero era el tema sobre el que la gente quería leer. O el tema sobre el que los periódicos querían escribir, aunque nadie quisiera realmente leerlo. Ahora anunciaban que el asesino era un terrorista islamista o, bueno, que podía serlo, aunque no había pruebas. En cambio, a nadie parecía interesarle la desaparición de su compañero Pierre. Era como si hubiese desaparecido también de la memoria de la gente.
En ese momento sonaron las campanas de la vieja iglesia. Hélène notó que el sol no se alzaba sobre su torre. De hecho, todo el edificio y la mayoría del sol estaban cubiertos por un rascacielos metálico en construcción que se alzaba, lento pero seguro, frente a la ventana del café.
-Buenos días, mademoiselle,- la saludó una voz, -¿Me permite acompañarla?
domingo, 8 de febrero de 2015
miércoles, 4 de febrero de 2015
NEUSUD - Telekinesis 5: Aprehensión
Autor: Gerardo EspinozaIlustración: Gerardo Espinoza
El camino a la costa estaba repleto de curvas, los accidentes eran frecuentes y normalmente se veían vehículos averiados cada tres kilómetros. Dorian relacionaba estas fallas al fenómeno que jodió los celulares y aparatos eléctricos, algo que en realidad podría tener sentido a pesar de sus explicaciones peregrinas. Ponía de ejemplo al GPS que variaba las coordenadas equivocando las rutas o la computadora interna de la camioneta que fallaba inexplicablemente; fallos como estos provocarían accidentes fatales. Estaba convencido de que la tormenta solar seguía jodiendo los artefactos electrónicos y nadie podía hacer nada al respecto.
Dorian detuvo la camioneta y bajó junto a Farid, apagó el motor y las luces esperando presenciar aquel fenómeno que a los pocos segundos empezó a oírse.
-Parece un motor lejano que se enciende una y otra vez– comentó Dorian.
-Siempre quise saber de dónde viene– dijo Farid.
Ambos mantenían su atención mirando al cielo y a todas direcciones sin acertar el origen del sonido que remecía la atmósfera en aquel paraje desolado. Aquella resonancia recordaba los instantes previos a un terremoto.
-Recuerdo las madrugadas en mi departamento intentando escribir mis primeros libros; estos sonidos retumbaban siempre pasadas las dos de la madrugada. Eran muy exactos, se repetían por más de quince minutos y paraban. Luego, un minuto después, empezaba un ciclo intermitente. No había forma de cronometrarlo.
Farid también había notado esas características, incluso a veces grababa el sonido en sus partidas online de Oblivion cuando coordinaba estrategias de madrugada.
Instantes después continuaron el viaje. Llegaron a la avenida Panamericana, más adelante unas luces advirtieron a los viajeros de una batida militar. La fila de vehículos particulares e interprovinciales se extendía por casi doscientos metros y eran inspeccionados por soldados armados que parecían recibir órdenes de una persona de traje negro.
lunes, 26 de enero de 2015
Flores de la muerte 2: Enta Caló
Texto e ilustración: Dan LenovoRevisión: Luis Arbaiza
Diario personal de Enta Caló.
Fecha: 16/03/20.
Entrada No: 158.
Dejé caer al incompetente oficial a mis pies, con un pequeño giro de mi cuello volteé a ver a aquel pobre ser que había terminado desparramado por todo el callejón. Era en estos momentos en los que sentía que debía cambiar de trabajo, odiaba cómo ellos arruinaban algo tan hermoso como es el asesinato, quitándole el delicioso olor que deja un cuerpo atrás cuando su alma se ha marchado.
Mi misión era seguir al sujeto “A”, quien, según me dijeron, había pasado por esta desolada ciudad de México, pero envés de ello me he topado con otra vaca más. El protocolo de la compañía me obligaba a reportar esto a mi jefe y pedir instrucciones; sin embargo, eso era algo que desearía evitar ya que, tan obvio como parece, quiere decir que debo hablar con aquel que firma mis cheques. De solo pensarlo, mi sangre se hiela.
Con la mano temblando y dándole la espalda al cadáver en el callejón, tomé mi celular y presioné el botón de llamada rápida. Comenzaba a sudar frío a cada tono del móvil, hasta que la llamada fue contestada.
-¡Oh! Enta, mi vida, me excita tanto que me hables…
sábado, 17 de enero de 2015
Revenge 2: Instinto
Autor: Antony Llanos
Ilustración: Gino Descalzi
Caminando por la calle Abel miró su reloj. Eran las doce en punto. En su mente como primer acto estaba un instinto básico del ser humano: ¡venganza! Los asaltantes serían los primeros en probar sus nuevas habilidades, habilidades que ni él mismo conocía.
Los halló en la esquina de siempre esperando alguna victima incauta tal como él lo había sido la noche anterior. Se acercó caminando directamente hacia ellos.
-¡Quiero que se vayan! Se largarán de aquí y no volverán a robar más- dijo Abel muy seguro de sí mismo.
-Y si no nos vamos, ¿qué?- respondió desafiante uno de ellos mientras sacaba un cuchillo de cocina medio oxidado.
-Si no se van, los echaré de aquí.
-¿De veras? ¿Por qué no nos echas, entonces?
El delincuente se abalanzó cuchillo en mano sobre él. Abel lo esquivó con facilidad, pero tenía miedo pues nunca había sido de carácter violento y era la primera vez que enfrentaba a otra persona. Otro de los delincuentes sacó un arma y apuntó directamente a su cabeza tirando del gatillo mientras se burlaba recordándole lo fácil que les resultó asaltarlo.
miércoles, 14 de enero de 2015
NEUSUD: Telekinesis 4 - Tiempo
Autor: Gerardo Espinoza
Ilustración: Gerardo Espinoza
Dorian seguía riendo cuando terminó su taza de café. Esperó
un momento y se quedó en silencio observando al pobre Farid. Estaba maltratado
como alguien que vuelve de una guerra. Notó que le temblaban las manos y
parecía intranquilo, miraba a todos lados y le pesó no haberse dado cuenta de
su condición.
- ¿Esperas que te crea? – preguntó Dorian con seriedad.- Tú me estás hablando de psicoquinesia y eso sólo pasa en las películas, si has tenido un problema real, por favor dímelo y sabré cómo ayudarte.
- ¡Es lo único que recuerdo! – interrumpió Farid visiblemente consternado.
- De acuerdo. Vayamos por partes: Estabas en el colegio y por alguna razón desconocida viste morir a toda tu clase, luego de eso inexplicablemente apareciste entre los maizales. ¿Es todo?
- Así es, no recuerdo más que eso – respondió automáticamente.
Dorian se puso de pie y caminó hasta la barra donde pidió
amablemente el periódico y dos tazas de café. Luego volvió leyendo los
clasificados atentamente hasta encontrar uno específico y leyó en voz alta:
“Gregory Estévez - Investigador paranormal y ovnílogo”
martes, 13 de enero de 2015
La manada 4: La calma antes de la tormenta
Autor: Hans Rothgiesser
Ilustración: Christian Magán
Myrko Nichols no creía ser una persona atada a sus pertenencias materiales. Cuando fue raptado por la mafia para que trabajara para ellos, no tuvo tiempo de recoger nada de su laboratorio o de su departamento. Cuando fue rescatado de ahí por el misterioso individuo que se hacía llamar Lobo, no pensó en ningún momento pedirle que lo llevara de vuelta para empaquetar sus cosas. Estaba agradecido de haber sido rescatado y de ser llevado a donde sea que sería llevado, en donde tendría la oportunidad de sentarse un instante, pensar en su situación y concluir qué era lo que tenía que hacer. Con lo que iba vestido sería suficiente.
Ilustración: Christian Magán
“No se preocupe”, dijo de pronto Lobo, sentado cómodamente en el asiento trasero de la limosina en la que iba. “Ellos no lo volverán a molestar. Me tienen demasiado miedo”
Myrko lo miró por unos momentos y entendió de inmediato que una persona normal sabría que esto implicaba, a su vez, que él mismo tenía que tenerle miedo a este hombre. Que eso era lo que en el fondo le estaba queriendo comunicar. No obstante, Myrko no era una persona normal. Su curiosidad era sobresaliente.
“¿Y yo?”, decidió que era seguro preguntar. “¿Debería yo tenerle miedo?”
“¿Usted?”, preguntó Lobo desde su cómoda posición, vestido con su saco largo negro y su sombrero de ala ancha también negro. “No, usted no tiene por qué tenerme miedo. A mí.”
Myrko lo miró por un instante. Él nunca le había querido hacer daño a nadie. Pero si debía defenderse para sobrevivir, tendría que pensar en algo rápido.
“Es a ellos a los que debes temer”, completó de pronto el hombre. Llevaba al cuello una larga bufanda roja que le daba un efecto dramático a sus movimientos. En sus manos llevaba unos guantes negros de un material sintético extraño.
“¿Ellos?”, preguntó Myrko frunciendo el ceño y sonriendo, pero Lobo no le respondió, así que intentó con otra pregunta. “¿A dónde me llevan?”
“A un lugar seguro”, le respondió Lobo. “No creo que se haya dado cuenta, pero su investigación tiene importantes implicancias para la comunidad de superhéroes. Por eso la mafia fue a buscarlo. Ese Twigg no es ningún tonto. Sabe lo que hace. Por suerte pude intervenir a tiempo.”
“¿Quiere eso decir que otros superhéroes me estarán buscando?”, preguntó Myrko.
“Oh, definitivamente”, respondió Lobo. “Pero no se preocupe. Yo lo mantendré a salvo.”
“¿No estaría más a salvo con ellos?”, preguntó Myrko.
Lobo no respondió. Solamente soltó una risa, algo que se veía espeluznante, considerando lo frío que era. Su pelo largo, canoso y su abundante barba gris no ayudaban a la imagen.
sábado, 3 de enero de 2015
El magnífico mago Mystére 4: Cazadores de lobos
Autor: Glauconar Yue
Ilustración de José Antonio Rodrí

Eran apenas las cuatro de la tarde y Planchard ya podía ver el cielo oscurecerse entre los rascacielos de Montdelouis por la ventana de la comisaría. Cambió el teléfono de lado, mientras seguía sonando la música de espera, y con su mano izquierda alzó la tasa de café para beber un gran trago. La persona con la que quería hablar probablemente no habría visto el sol en un par de semanas. La noche eterna del invierno noruego. Al fin la música se cortó con un crujido y una voz respondió en inglés.
-Buenas noches, comisionado Svenson,- dijo Planchard en un inglés masticado, -. Soy el detective Jean-Luc Planchard desde Francia. Estoy en un caso sobre Jules Mystére. Usted, cuando Mystére estuvo en Noruega, ¿usted investigó sobre él, sí?
-Ah, el mago Mystére, claro- respondió Svenson. El francés podía oír una sonrisa en su voz, pero ningún acento que empañase su inglés impecable.
-Mystére estuvo aquí involucrado con una secta diabólica. No me malentienda, él no formó parte de la secta. Aunque, legalmente vista, la secta no era criminal, solo excéntrica. Por eso, a fin de cuentas fue algo que escapó a nuestra jurisdicción.
-¿Y Mystére?- insistió Planchard, -. ¿Él no mostró comportamiento sospechoso?
-Ah, todo lo contrario- repuso Svenson,- Mire, Monsieur, yo sé por qué está llamando. Estoy al tanto del caso del lobo, y también creo que tengo la explicación a su problema.
El café casi se atoró en la garganta del oyente, quien no pudo controlar su sorpresa. Tragó con cuidado, dejó la tasa sobre el escritorio, respiró profundamente y dijo:
-Por favor, dígame.
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