Autor: Dan Lenovo Ilustración: Bloody Zone
Mientras el último muertito del turno cruzo el umbral rumbo a la eternidad, estiraba mis brazos dejando que mis torturados hombros tomaran un descanso. La bruma del aburrimiento nublaba mi juicio, necesitaba encontrar algo con que divertirme o terminaría creando otra pandemia, y para ser sincera no quisiera repetir la reprimenda del jefe de cuando provoqué la última.
Tomé un vistazo alrededor de la sala de espera, en busca de algo que me distrajera de mis obligaciones un momento. Sentado en una silla al fondo se encontraba mi siempre leal cachorrito: un hombre fornido, con vestimenta típica del México revolucionario, camisas holgadas y un gran sombrero de piel.
-Panchito, cariño, puedes venir un segundo– ronroneé, pero aquel malhumorado hombre no me respondió. Intenté un par de veces más pero nunca funcionó, fue como a la quinta vez que rompió mi paciencia: -¡Veltesta!– grité furiosa.
Con un pequeño brinco que casi tumba su sombrero se levantó de su asiento y fue arrastrado hasta mí como si una cuerda invisible lo jalara. Cuando llegó conmigo, su rostro reflejaba una combinación entre sorpresa y enojo.
-¿Podrías recordarme quién eres?– pregunté de la forma más sarcástica posible.
-Soy Veltesta, la tercera cabeza de su cerbero, mi señora,– contestó de mala gana.
-Exacto, entonces sí lo sabes ¿explícame por qué decidiste ignorarme?
-Estaba dormido, mi señora,– contestó nervioso aquel viejo militar.
-¡Estás muerto desde hace más de un siglo, no necesitas dormir!– la furia en mi voz era evidente, –. Bueno, y ¿dónde están tus hermanos?.





